Confirmado: los musicales me matan de aburrimiento. Incluso Sweeney Todd, película que se presentaba con un planteamiento y una estética fuera de lo corriente, me ha aburrido sobremanera. Tim Burton, director de varias películas que se me han quedado grabadas a fuego: Eduardo Manostijeras, Batman, Ed Wood…, dirige también Sweeney Todd. Después de verla, no creo que lo haya hecho mal, simplemente estoy a años luz de creerme cualquier historia cantada. Para llevar este cuento de terror a la pantalla ha vuelto a contar con su actor fetiche: Johnny Depp, y con su esposa Helena Bonham Carter. El Secundario también es de lujo, cuenta con nada más y nada menos que Alan Rickman. Y todos cantando al ritmo de la música de Stephen Sondheim, autor del musical original. A todos ellos un diez. La interpretación ha sido potencialmente creíble salvo por el pequeño detalle de que cantan para hablar. Reconozco que la labor técnica para la puesta en escena es formidable. También reconozco que la historia es atractiva, incluso llegó a sorprenderme las felonías de este peculiar y dolido barbero. Incluso en algún momento me impactaron los acontecimientos. Pero por algún motivo no dejé de mirar el reloj para que terminase.

Las excepciones existen: Baz Luhrmann. Este señor es capaz de entretenerme mientras me cuenta su historia y todos cantan. De alguna manera le da sentido a la historia. Pero por otro lado me da igual si la canción le da sentido a la historia y está justificada dentro de la trama porque fui incapaz de digerir El fantasma de la opera de Joel Schumacher. Tanto esta última como Sweedy Todd han tenido críticas formidables, y soy consciente de ello. Soy consciente de la labor individual de los trabajos desempeñados por los distintos departamentos, tanto técnicos como artísticos. Pero cuando unen todas las piezas, odio el resultado.

No quiero generalizar, es por eso que no tengo un género favorito. Simplemente dejo que me cuenten una historia y lo que pido es que me metan en la trama y hagan que me pierda en un universo de sutilezas. No espero ser testigo de la omnisciencia de una voz en off melódica que me narra su cuento. Soy incapaz.